domingo, 30 de mayo de 2010

En el transcurso del tiempo

Hombre talentoso, experimenta velocidad
con el solo movimiento giratorio de la tierra.
Solo comparable con el vértigo del caracol,
perdido en lo alto de los arbustos gigantes.
Movimiento causado y los vientos agitaban
arbustos del caracol y se aferró al momento.
En la calle, el hombre, por el horizonte difuso,
sentía la naúsea que le atacaba a él.
El caracol cayó por el asfalto del camino
y siguió adelante hasta el momento preciso
el hombre del coche pisó el acelerador
y el reloj indicó las doce del día
en la calzada ventosa el caracol se quedó
...

lunes, 10 de mayo de 2010

Estos papeles, dispersos, deslavazados y ofrecidos hoy al lector en el mismo orden en el que fueron hallados (si su disposición horizontal en el suelo de una granja aislada puede considerarse un orden), no llevaban firma visible, ni el cuerpo sin vida que yacía a pocos metros pudo, evidentemente, facilitarnos más datos de los conocidos. Según el dictamen forense, el cadáver que, en avanzado estado de descomposición, custodiaba la puerta, correspondía a una mujer de mediana constitución...
― Después de leído el informe pertinente, y en el marco de mi función y poderes como juez de este alto tribunal, se abre sesión de interrogatorio en el juicio oral por presunto delito de homicidio. ¡Acusado! ¡Levante la cabeza cuando le hablo...! Bien, estos papeles son suyos ¿verdad?
― Sí, su señoría.
― Así que ¿es usted el autor de toda esta escritura?
― Sí, su señoría, lo confieso.
― Pero ¿se da cuenta de lo que ha hecho? ¡La ha matado!
― No, no la he matado, su señoría, simplemente se me fue. Yo la quería, la quería sobre todas las cosas. Quería salvarla, la quería volver a resucitar, por esto me había puesto a escribir como un loco. Para salvarla. ¡Me tiene que creer!
― Vamos, vamos, vamos ¡acusado! ¿no ha escuchado el informe del forense? “...una mujer de mediana constitución...” estaba claro que no era gran cosa. Debería haberse dado cuenta desde el principio y de haberla cuidado con más delicadeza. Nunca debería haber sido tan exageradamente pretencioso. Con lo que ha dejado sobre los papeles ¡podría haber matado una docena!
― Por favor, señor juez, no me diga esto, se lo suplico, quería que creciera, que se hiciera más grande, más bella,...
― ¡No diga tonterías! Las evidencias son abrumadores. Los papeles no dejan lugar a dudas y las pruebas son claras. El juicio queda visto para sentencia, la cual se dicta inmediatamente: Ejem, …
Visto el caso por presunto homicidio en juicio oral ante este Santo Tribunal Inquisitorial Gramatical y Sintáctico, y en base a la Ley Divina Literaria, y en nombre de la Gracia de la Santa Trinidad de la Gramática, la Semántica y la Ortografía, declaro culpable al imputado por haber matado a doña Musa o también conocida como señora Inspiración. Dicha sentencia se basa en los siguiente hechos probados:
Primero, el abundante material escrito hallado cerca del cadáver y en el lugar de los hechos y cuya autoría fue confesado por el acusado.
Segundo, dicho material muestra graves defectos literarios, en especial: El uso abusivo de adjetivos, gerundios y de pretéritos imperfectos. Pobre sintaxis, un nivel inadecuado de fallos ortográficos, imprecisiones gramaticales y morfológicas. Inadecuado uso de la puntuación, falta de visibilidad y credibilidad para el lector. Errores del dequeísmo, anacolutos, faltas de concordancia, anfibologías y redundancias. En general, un estilo abusivo, excesivo y pretencioso.
Tercero, dichas carencias no han experimentado mejora alguna durante el tiempo, tal y como lo certifica el forense después de un exhaustivo análisis del material encontrado.
Cuarto y último, es de sobra conocido, que estas carencias mantenidas durante largo tiempo llevan irremediablemente a la muerte de cualquier musa o inspiración.
En consecuencia con todo ello, de dicta la siguiente sentencia: se declara culpable al acusado de musocidio e inspiracioicidio por imprudencia en primer grado y queda condenado a ser desterrado de por vida del país de los buenos escritores para entrar en los territorios bajos de los eternos mediocres. ¿El acusado desea alegar algo al respeto?
― ¡No! ¡noo! ¡noooo! ¡clemencia! ¡clemencia! ¡quiero ser un buen escritor! ¡noooooooooooooo!
― ¿Esto es todo? Que se lleven al acusado. Tenemos mucho trabajo ¡siguiente caso!
Otro postrelato enviado al blog del programa de Radio 3 "El postre" el día 3 de septiembre de 2009.