En el año 83, cuando yo tenía 18 años, intenté leer esta obra en su traducción alemana. Resultó ser uno de los pilares de mi afición a la litetatura hispanoamericana por entonces. Desde Hannover soñaba a aprender español y viajar a España (por lo menos). Me quedé a la mitad de sus casi mil doscientas páginas. Fue una tarea imposible de cumplir. Sin embargo, aumentó mi fascinación hacia la literatura. Y aquí estoy, un poco huérfano, pero feliz de haberlo vivido.
Que descanse en paz. Hasta siempre.
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